La Cruz un pueblo con Historia



Historia de la Cruz de Calamuchita Córdoba Argentina

Estas tierras, que en épocas de la reconquista española, recibieron el nombre de "Acapiche" o "Coyapiche", fueron entregadas por servicios a la corona, a un capitán de Jerónimo Luis de Cabrera. Recibidas luego en herencia por las Monjas Catalinas, éstas a su vez cedieron sus derechos sobre las mismas a don Domingo Valladares en diciembre de 1625.
A principios del siglo XVIII, un hecho humilde y piadoso dio origen a su nombre: un ser anónimo colocó una rústica crucecita en la grieta que una descarga eléctrica dejara en un árbol donde un hombre halló la muerte. Desde entonces fue punto de referencia con el nombre de "Paso de la Crucecita", para luego simplificarse directamente como "La Cruz", dando testimonio del mayor símbolo del cristianismo, del que se ha hecho un monumento que se yergue protegiendo al pueblo.
El entorno religioso de la población gira también en torno a la devoción por la Virgen de la Merced. Cuando fue construido el actual templo, un caserío uniforme comenzó a levantarse a su alrededor, hasta que el 11 de mayo de 1870 por Decreto Provincial se encargó la traza y delineación de la villa denominada La Cruz.



Los comechingones habitaron las sierras cordobesas y ocuparon el área conprendida entre la zona de Quilino, al norte, y de Achiras, al sur. Los podemos caracterizar en dos grupos: Henias y Camiares por sus diferentes lenguas y nivel cultural. En poco más de un siglo, estas tribus fueron exterminadas por las guerras, la pérdida de su identidad cultural y los abusos a los que fueron sometidos por los españoles.
El término "comechingón" derivaría de una voz que escuchara el expedicionario Diego de Rojas en la región serrana de Córdoba, que sería “comechingón”, vocablo proveniente de uno de los dialectos que hablaban estos aborígenes, el camiare. Así el origen provendría: “cami” sierra o serranía, “chin” que significaría pueblo. El sufijo “on” que denotaría plural de la palabra pueblo.


Los comechingones del norte eran de lengua henia, los del sur, de lengua camiare.
Eran morenos, altos y con barbas como los cristianos.Practicaron la agricultura. El cultivo esencial era el maíz. Otros eran porotos, zapallos, maní, quinoa.
Se alimentaban cazando guanacos, liebres, ciervos y todo lo que recolectaban.
Usaban una camiseta y una manta tejida con lana obtenida de las llamas, vicuñas y guanacos que criaban. Estos utilizaban garrotes y hachas de piedra para el combate cuerpo a cuerpo.
Las armas defensivas eran las boleadoras y los collares de cuero a modo de escudo protector. Los españoles mencionan los pucarás o fuertes de piedra que construían en las sierras. Se pintaban el rostro y el cuerpo con color (mitad rojo y mitad negro) a modo de protección.



Combatían en escuadrón cerrado, lo que demuestra su capacidad guerrera. Las mujeres también usaban camiseta corta, acompañada por una falda tejida de piel.
Tenían dos tipos de viviendas. Una semisubterránea que construían cavando en la tierra hasta formar dos paredes naturales, que luego forraban con madera y cubrían con paja. El otro tipo de casa que usaban eran las grutas y todo tipo de cobijo natural que ofrecían las sierras.
Cada familia tenía un apellido y ocupaba un territorio exclusivo que rodeaba con piedras llamadas “pircas” y estaban al mando de un cacique mayor. Al crecer la familia, surgían caciques menores.


Completaban su atuendo con numerosos adornos hechos con cuentas de piedra, conchilas y plumar que muchas veces agregaban a una vincha que ceñían a sus cabezas.

Los primeros indicios de población se remontan a mediados del siglo XVIII en que se habría producido la contrución de una capilla con paja y barro, alrededor de la cual se comenzó a levantar un uniforme caserío.


Debido a la crisis mundial o debido a su maduro sueño de américa, muchos fueron los inmigrantes que pusieron sus ojos, sus esperanzas, en esta bendita tierra argentina. Es bien canocido que muchos fueron los que eligieron la zona de La Cruz. Quizás es una suerte de ”cara o cruz” con la ilusión de poder cumplir su anhelo de paz, libertad, trabajo y fe.
Algunos llegaron como vulgares polizontes trayendo como única herramienta sus deseos de luchar honradamente. Todos ellos, nadie podrá dudarlo, en el sol de cada mañana, en el aire que inflaba sus pulmones vivieron agradeciendo al cielo toda la libertad, el respeto, consideración que nuestra patria les brindó, merecidamente por supuesto.



A esos nobles ciudadanos del mundo, especialmente los italianos, españoles, sirios, libaneses, alemanes, franceses, búlgaros, rusos, griegos, etc. Debieron vencer los males para preservar su vida, sus derechos, ecomendándose a su dios para encontrar una patria generosa.
Dejaron estos “nonos” queridos en su patria de origen, en plena juventud, padres, hermanos, amigos, novias, hogares. Todo para asentarse un día en estas tierras vírgenes, como palomas blancas mensajeras de paz, trabajo, progreso y amor.
La mayoría de los inmigrantes, al comienzo, sentía resquemor o temía enfrentarse con los criollos afincados en la zona. Pues, ellos mismos lo aclararon con el correr de los años a los antepasados.


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